La creación de nombres para compañías, servicios o productos es una labor compleja. Se trata de un proceso creativo que requiere no solo de habilidades lingüísticas sino de conocimientos relacionadas con áreas como el marketing, la investigación o las leyes de protección de marcas.

Existen multitud de formas de abordar el proceso de creación de un nombre comercial. Nosotros solemos empezar estableciendo un primer listado de términos que estén vinculados o describan de manera general los principales atributos y valores de la marca.

Estos términos iniciales nos sirven de punto de partida para investigar y recopilar palabras, acciones, sufijos, prefijos, etc. que se asocien directa o indirectamente con ellos. Es decir, podemos buscar sinónimos de esos términos, pero también palabras relacionadas con ellos de alguna otra forma. Por ejemplo, si uno de los atributos de nuestra marca es “dinamismo” podemos buscar sinónimos como “agilidad”, pero también podemos incluir en esa lista una llamada a la acción como “¡adelante!”.

Iremos añadiendo bajo cada atributo todas aquellas palabras que guarden algún tipo de relación con éste. De esta forma obtendremos una matriz de la que, por medio de diferentes técnicas, extraeremos palabras o términos construidos a partir de combinaciones de palabras que puedan ser candidatos a ser el nombre ideal.

El cribado final es la parte más laboriosa y técnica del proceso. Una vez tengamos una primera selección de decenas (puede que cientos) de posibles palabras candidatas tendremos que ir rechazando todas aquellas que no cumplan con una serie de criterios formales, funcionales o legales.

Por ejemplo, rechazaremos todas aquellas que ya estén registradas como marca. Y ojo con esto, porque disponer de un dominio registrado con el nombre de tu marca no es suficiente para protegerte frente a la competencia.

Al final obtendremos una selección reducida de las mejores palabras candidatas. Éstas deberían cumplir con el mayor número de cualidades que debe tener un buen nombre de marca: Legibilidad, singularidad, notoridad, relevancia, asociación, sonoridad, etc. Estas cualidades podrán variar en función a parámetros como el mercado, los idiomas o el público objetivo al que nos dirijamos.

Cuanto mayor sea el número de estas cualidades que contenga el nombre, menos tendremos que invertir posteriormente en marketing y comunicación para hacer entender a nuestra audiencia su significado y vinculación con los valores y atributos de la marca. Sin embargo no debemos olvidar que, el significado y la notoriedad de dicho nombre, como el de toda la marca, se irá construyendo y tomará relevancia con el tiempo.

Finalmente, tendremos que registrar tanto el nombre como los elementos figurativos de la marca en la Oficina Nacional de Patentes y Marcas o en el organismo correspondiente en función al área geográfica de influencia de ésta.

Es importante contar con el asesoramiento de profesionales, con el fin de evitar errar en algo que será el comienzo de la construcción de nuestra marca. Si erramos en el nombre será difícil cambiarlo posteriormente. Es relativamente razonable abordar un proceso de rediseño de la marca, en función a la evolución de ésta, las tendencias estéticas o las circunstancias, pero será mucho más costoso en términos económicos y de esfuerzo tener que plantearse un cambio de nombre o renaming. Merece la pena hacerlo bien desde el principio.